Parroquia San José Obrero

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Fiesta de Cristo Rey e Inicio del Año de la Misericordia

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MONICIÓN DE ENTRADA

Vamos a comenzar la eucaristía del último domingo del Tiempo Ordinario y que se dedica a Jesús de Nazaret como Rey del Universo. La realeza de Cristo no es de fuerza, sino de amor. No busca imponer, sino convencer. Marca, también, el final del año litúrgico, porque nos recuerda el triunfo de Nuestro Señor al final de los tiempos. ¿Dónde se puede encontrar el verdadero poder de Cristo como Rey? En la verdad del poder del amor de Dios, para el que Cristo vino a ser testigo, amando hasta el fin con auténtica actitud de servicio. Dios Padre nos ama totalmente en su Hijo Jesús. Por eso Jesús es nuestro Señor y Rey.

Un motivo también de alegría es el Año de la Misericordia que nos regala el Papa Francisco, para que tengamos presente y pongamos en práctica los signos de la ternura que Dios ofrece a todos. Sobre todo a los que sufren, a los que se encuentran solos, a los que no se sienten amados por Dios Padre y también a los que viven sin esperanza de ser perdonados.

Abramos la puerta de nuestro corazón a la Misericordia, para que muchas puertas de la Misericordia se abran en el mundo entero ante el momento actual tan lleno de descontentos, de gritos que claman justicia, de comentarios negativos que nos dividen, de tanto dolor y situaciones dramáticas para tantas criaturas, para que todos se atrevan a cruzar el umbral de la Casa del Padre, se dejen abrazar por su Amor, se dejen consolar y se dejen tocar.

Con la esperanza de que el Reino y la Misericordia de Dios triunfen en toda la humanidad y de que cada uno de los que estamos aquí lo hagamos posible, empecemos nuestra celebración.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Respondamos: Venga a nosotros tu reino

1. Bendito seas, Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo libre. Por los líderes de las naciones que aman la libertad y la instauran en sus países, y también, por el contrario, por los que la estrangulan y matan, oprimiendo así a sus pueblos. Con confianza te pedimos: Venga a nosotros tu reino.

2. Bendito seas, Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo de hermanos. Por los que respetan y defienden la dignidad y los derechos de los demás, y también, por el contrario, por los que oprimen a sus hermanos y sólo defienden sus propios intereses egoístas. Con confianza te pedimos: Venga a nosotros tu reino.

3. Bendito seas, Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo de testigos. Por los cristianos que viven intensamente su fe, y también, por el contrario, por los que desgraciadamente han dejado enfriar o incluso morir su fe. Con confianza te pedimos: Venga a nosotros tu reino.

4. Bendito seas, Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo orientado hacia servicio. Por todos los que ayudan y cuidan de los demás, y también, por el contrario, por los que solamente piensan en sí mismos sin importarles nada los demás. Con confianza te pedimos: Venga a nosotros tu reino.

5. Bendito seas, Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo de esperanza. Por todos los que afrontan el sufrimiento con optimismo y trabajan por todo lo bueno, y también, por el contrario, por los que se rinden y se dejan llevar por el pesimismo y desaliento. Con confianza te pedimos: Venga a nosotros tu reino.

Última actualización el Sábado, 07 de Mayo de 2016 15:45